Archive for the ‘reflexión’ Category

Persiguiendo la nada

May 23, 2008

Nació una década anterior a la mía. Aparte de ser una excelente investigadora, sus inquietudes la llevaron a pedirle a su esposo que le permitiera internarse unos años en un templo budista; él espera a que ella termine su búsqueda, ahora su unión es más fuerte que nunca (comunicación personal de ella, 2007). Todo comenzó en el Tíbet.

En una excursión profesional un grupo de científicos visitaba un templo budista, al salir del recinto, en el umbral, la mirada de ella se cruzó con la de un joven monje, justo en el techo del mundo y a la orilla de sus búsquedas. Se miraron una fracción de segundo y no surgió pasión, no hubo chispas de amor, sólo serenidad, una paz de útero que la dejó fascinada por unos breves instantes en los que nació lo eterno.

-¿Qué persigues? -Le pregunté.

-Nada. -Contestó.

Lo más difícil es desear la nada, pensé.

Ella se ejercita y medita para parar su diálogo interno, según me dijo, sólo así se puede percibir la realidad pura, la cual es bloqueada continuamente con nuestras interpretaciones. Me acordé otra vez de mi cámara con sus filtros.

–Si lo logras, si dejas de platicar contigo, dejas de interpretar al mundo y puede gozar de uno de esos estados en los que te quedas ante la verdad desnuda y única de las cosas, estados “iluminados” de percepción, de sincronía con el Ser Único, con El Buda. -Me dijo mientras trataba de estacionar su vieja Caribe frente a una casa de los años treintas convertida en templo budiata, en plena colonia Roma de la actual Tenochtitlán.

-El individuo en búsqueda puede tener, a lo largo de su vida, varias experiencias iluminadas, o ninguna, pero eso es irrelevante porque lo que importa es el prepararse para favorecerlas. -Me explicaba mientras indicaba con su ejemplo que me quitara los zapatos en la salita iluminada de la entrada.

Ce Tecpatl, mi padre, me ha dicho que los cambios se gestan durante lapsos muy prolongados, que se manifiestan o se hacen perceptibles aparentemente “en un instante”, pero que seguramente la transformación al budismo de mi amiga no nació en el Tíbet, sólo se reveló en ese momento y en ese lugar lo que ella toda su vida había buscado; sé que su felicidad está en el caminar y nunca en el destino.

Yo pienso que los mexicanos no tenemos que ir tan lejos, tenemos a Ometéotl si se va a tratar de equilibrios, para parar el diálogo interno nomás hay que leerse Las Enseñanzas de Don Juan y los otros doce tomos que Carlitos Castaneda nos dejó formaditos, ahora, si de volverse uno con el Ser se trata, ¿a quién no le basta con su pareja? o ya poniéndonos filosóficos eso se logra quemándole copal a Xipe Totec revestido de primaveras (yo opto por ambos rituales, cuando se puede). Un mezcalito, tequila, peyote o toque de mota detiene cualquier diálogo (interno o externo) y en una de esas hasta el corazón se anda reventando. Yo en lo particular gozo con mis monólogos interminables y ojala que no paren.

Me puse mis zapatos, me despedí, salí del templo y me dirigí a la estación del metro División del Norte mientras pensaba: ¿Habrá monjas tibetanas que pudieran perturbar mi vida con Metztli? –¡No importa si no las busco!

-¡Cada quien sus rutas! – Me dijo una voz interior, agradecida de no haber sido sofocada.

Xotlatzin >< :>

jueves 22 de mayo de 2008; 22:29

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Pequeños abusos

May 22, 2008

Ayer un profesor y científico joven al que aprecio nos pidió ayuda a mi única amiga y a mí. Su petición era más un mandato que una pregunta: -¡Tengo una tarea para ustedes “guys”!

Mi filtro de nobleza se ha tapado un poco por tanta mierda que le ha caído, pero no obstante acepté acudir al apoyo sin pasar más allá de la segunda pregunta. Se trataba de una cosa sin mucha importancia; desocupar un librero de empolvados tomos publicados antes de los noventas (algunos de ellos, pocos, muy atractivos) y amontonarlos en un salón a no más de diez metros de su sitio.

Aproveché la situación en la que mi “no” mudo me había metido y pensé que un poco de sudor era la bendición del día. Dijo el Dr. T. que iría a buscar a más estudiantes para que nos ayudaran, después de eso lo vimos de vez en cuando como verificando que todo marchara bien y preguntándonos si alguien se había aparecido.

En una hora terminamos con la imposición que nosotros mismos habíamos concedido cuando noté que el precoz doctor de 36 años charlaba con el director, tomaba café y nos veían en aparente aprobación de nuestro trabajo recién concluido.

Pensé que todo el incidente había sido una buena lección para poner más cuidado en la previa evaluación de todo lo que conlleva el pedir favores. El Dr. T. evidenció su repudio al trabajo físico, se cobijó por una hora con pretextos para no ayudarnos a resolver un problema que era suyo, le tuvo que agregar unas cucharadas de cinismo a su café para poder tragarlo frente a nosotros, también bajó sus propios estándares para decidirse a pedir auxilio. Lo más vergonzoso es que pareció no darse cuenta de nada.

¡Cuántos atropellos así habré yo cometido!

Xotlatzin >< :>

martes 20 de mayo de 2008; 23:00 hrs.

Daniel Defoe

May 21, 2008

Robinson Crusoe y sus inútiles años de soledad

28 años con 2 meses y 19 días estuvo Robinson Crusoe viviendo en la Isla de la Desesperación. Hasta ahí fue arrojado por una tormenta en alta mar que estrelló el barco en el que viajaba y acabó desbaratándose en los arrecifes. Murieron todos sus compañeros de viaje y quedó solo. A la isla había llegado de manera involuntaria el 30 de septiembre de 1659.Al menos 20 años se la pasó sin poder hablar con algún humano. En la desesperación, al cabo de ese tiempo, domesticó a un loro y le enseñó a decir su nombre.

Varias veces tuvo que jugarse la vida luchando contra los salvajes que solían llegar de otra isla, a practicar el canibalismo. En una de esas, un día viernes, logró rescatar a un caníbal que iba a ser devorado por otros caníbales enemigos. Le puso por nombre “Viernes”. Por fin tuvo con quien platicar. Le enseño a hablar el ingles, le leía la Biblia y lo instruyó en el manejo de las armas de fuego que había rescatado del naufragio. Lo hizo porque tenía la necesidad de compañía. ¡Pero sobre todo para contar con un criado a quien poder ordenar!

La gran lección que aprende es lo vital que resulta poder comunicarse con otros. También que, si la humanidad volviera a empezar, recorrería el mismo camino que nos relata la antropología: descubrir y hacer el fuego, buscaría la cueva para protegerse de los peligros naturales, mataría animales para comer y vestiría con sus pieles e inventaría herramientas.

Descubriría la agricultura y el pastoreo, incursionaría en los terrenos de la filosofía. En los momentos de enfermedad dirigiría los ojos al cielo y pediría a alguien que le ayudara. Puesto en la disyuntiva, mataría a otros para sobrevivir. Volvería al canibalismo ritual De la misma manera volvería a surcar los mares para ir a África y, sin siquiera manifestar el menor escrúpulo, comprar negros como esclavos para que trabajaran sus tierra en Brasil. Escribiría otra vez la Biblia y la leería a diario, al caer la tarde, todo lleno de recogimiento y espiritualidad.

Con veinte años de soledad y deseoso de poder reintegrarse al mundo de la gente, escogería otra vez a Inglaterra para vivir, pese a que apenas la conocía, y rechazaría a Brasil, país con el que estaba familiarizado y tenía ahí sus tierras y su fortuna, ¡porque este país es católico y el otro protestante! Remontaría con esfuerzos físicos y gran voluntad, la enorme cuesta de cubrir e inventar la tecnología.

Sobre este personaje se han imaginado incontables metáforas. Una de ellas es la inmensa soledad que vive el hombre moderno en medio de la multitud. Y su proverbial incapacidad para comunicarse cara a cara. Con vehemencia busca a sus semejantes a través de los medios, la televisión, la computadora o la telefonía celular, pero cara a cara no tarda en entrar en conflicto con ellos.

Robinson Crusoe es un personaje inventado por el escritor Daniel Defoe. Se le ocurrió la idea al conocer el relato sobre un hecho real. Un marinero llamado Alejandro Selkrik, piloto del galeón “Cinque Ports”, zarpó de Inglaterra en mayo de 1703. Durante la travesía tuvo dificultades con el capitán del barco, a tal grado que pidió que lo dejara en una isla. Esta isla se llamaba “Más a Tierra” (ahora “Robinson Crusoe”). Se encuentra en el archipiélago de Juan Fernández, situado a unos 670 kilómetros de la costa chilena (33°3842.50S, 78°4923.48O) con una superficie de 96.4 km².

Foto de la estatua en Escocia de Alexander Selkirk.

Permaneció en ella 4 años y medio, hasta que fue rescatado por el Duke, navío comandado por el capitán Wooden Rogers. Estos tripulantes fueron los primeros que escucharon la historia del solitario. Al regreso a Inglaterra el capitán escribió y publicó un relato sobre las aventuras de Selkrik. Lo mismo harían el oficial del Duke y un periodista de Inglaterra. Así llegó el asunto a oídos de David Defoe que consideró que el relato daba para más y 4 años después publicaba la novela Robinson Crusoe. Tal cosa se le facilitó porque él mismo era un tipo aventurero que estaba familiarizado con la vida del mar.

Texto enviado por Ce Tecpatl

A leer para cimbrar las plazas

May 20, 2008

El domingo fui a comprar un libro; estando en Texas pensé que era buena idea ir a un centro comercial y meterme en una de esas impresionantes librerías que lo tienen todo; me lancé lleno de ironía contra la sección de historia. Había veinte metros de largo por 2.5 de alto de estantes repletos de libros que trataban únicamente sobre la historia de los Estados Unidos de Norteamérica, como tema especial, la anexión de Texas a la Unión Americana con todo y su Hollywoodesca versión del Álamo.

Cada ejemplar había sido clasificado por época, pero contra la ignorancia o la distracción, la sucursal de la cadena Borders cuenta con el apoyo de una flotilla de por lo menos quince trabajadores armados de cinco computadoras de apoyo para localizar lo que fuse menester y, en caso extremo de andar buscando excentricidades, siempre queda el recurso tecnológico del internet para “ordenar” que nos manden lo que el que paga mande y diga, de donde sea necesario y sin costos extra.

De vuelta en casa tomé la cinta métrica y medí una pequeña repisa de mi librero; en un área de 85 cm de largo por 30 cm de alto tengo 33 libros, 30 para nuestros fines aritméticos; si aceptamos mi resultado como proporción representativa de número de libros por área, en Borders debería de haber cerca de seis mil libros de historia en esos cincuenta metros cuadrados de su sección de historia; si en toda la ciudad hubiera 50 librerías parecidas, sumándole las otras prestigiadas compañías, querría decir que en la metrópolis podría haber cerca de trescientos mil libros de historia en venta.

En una sociedad donde hay tal oferta debe haber una demanda proporcional; éste es un argumento que me hace pensar que los ciudadanos de los Estados Unidos de Norteamérica leen, y leen mucho, o por lo menos compran bastantes libros.

Ahora bien, como era de pensarse, la mayoría de estas publicaciones contienen la historia oficial de los últimos 150 años para éste lado norte del Río Bravo, pero con gusto debo decir que no todos los que hojee son así, hay una respetable minoría de textos objetivos.

Un libro promedio en Texas cuesta entre diez y veinte dólares, en México el mismo libro cuesta entre veinte y treinta dólares, favor de tomar en cuenta los salarios en cada país antes de sacar conjeturas.

En cualquier ciudad americana los pasatiempos y los amigos están aún más disminuidos que los salarios en México (Kunstler, 1994), así que el espulgar más minuciosamente esos estantes se antoja como buen plan, eso sí, siempre con el as de la lectura entre líneas bajo la manga, ¡no vaya siendo que haya gato encerrado!

Si la mitad de esos libros se leen, pronostico que pronto surgirán más Emersons, Thoreaus, Bolívares; calles, plazas y ciudades cambiarán sus nombres, los americanos de todo el continente conviviremos por todos lados enriquecidos y el mundo no estará tan adolorido. Si eso no pasa, entonces los libros sólo para adorno fueron adquiridos.

Ésta referencia promete una nueva emisión: Kunstler, J. H., 1994, The geography of nowhere: the rise and decline of America’s man-made landscape: New York, Touchstone; Simon and Schster, 303 p.

Xotlatzin >< :>

lunes 19 de mayo de 2008; 22:31 hrs.

Desenmarañándolo todo

May 17, 2008

Allí estaba él, sentado en el asiento del copiloto, no era la primera vez que viajábamos y siempre me acongojaba el estar consciente de la brillantez del doctor; hubiera preferido ignorar su superioridad para no tener la sensación de estar obligado a usar mi privilegio de entablar una conversación.

Durante meses acudí cada día a su oficina, él me mostraba la forma correcta de mover los continentes, su truco era muy simple y nada nuevo. Recuerdo que en el libro de M. Ende, La historia sin fin, Atreyu desmoronó a las efigies con la simple fórmula de no tener miedo; así mi maestro recomendaba no dejarse intimidar por las complicaciones, si aparecía algo en aparente contradicción con su hipótesis, simplemente había que generalizar un poco más, sacar del juego lo que estorbara disminuyendo la escala del modelo para evitar que los detalles nos confundieran.

La genialidad estriba en actuar localmente y pensar globalmente, si la acción no impacta al universo, entonces esa acción es inútil, o el detalle es irrelevante.

Pensé en tocar un tema ajeno a la ciencia, pero su hipnotismo en las carreteras lo sumía en sus adentros, su mirada se fugaba y se quedaba extasiado, quizás sólo estaba adormecido con sus casi ochenta años a cuestas. Se me ocurrió preguntarle por Robert Burns, su consejo fue que hablara con el doctor R., nativo de Escocia y aficionado a las coplas, se disculpó por ignorar del tema a la vez que me recitaba estrofas y me resumía la vida del poeta. -Pero no sé decirte más, – me dijo; – ¡Ni siquiera sé qué es la poesía!

Regresó a su estupor y yo me contenté con manejar extremando precauciones, pensé en los trabajadores encargados de preservar las obras de Miguel Ángel y los compadecí, ¡qué angustia es tener en las manos una maravilla de éste mundo!

Volví del aeropuerto, el doctor se despidió con el mismo cuidado con el que dejamos una barra de jabón cuando ya nos estamos enjuagando. Por mi mente las conjeturas se empezaban a enredar y los por qués se apelotonaban en mis delgadas conexiones neuronales; me relajé y el sol azul plomizo de la mañana zarandeaba al viento para desfigurarme la cara. -¡Olvídate de detalles sin importancia! –Me dije en voz muy baja.

Xotlatzin >< :>

viernes 16 de mayo de 2008; 23:32 hrs.