Archive for the ‘escritores’ Category

Daniel Defoe

May 21, 2008

Robinson Crusoe y sus inútiles años de soledad

28 años con 2 meses y 19 días estuvo Robinson Crusoe viviendo en la Isla de la Desesperación. Hasta ahí fue arrojado por una tormenta en alta mar que estrelló el barco en el que viajaba y acabó desbaratándose en los arrecifes. Murieron todos sus compañeros de viaje y quedó solo. A la isla había llegado de manera involuntaria el 30 de septiembre de 1659.Al menos 20 años se la pasó sin poder hablar con algún humano. En la desesperación, al cabo de ese tiempo, domesticó a un loro y le enseñó a decir su nombre.

Varias veces tuvo que jugarse la vida luchando contra los salvajes que solían llegar de otra isla, a practicar el canibalismo. En una de esas, un día viernes, logró rescatar a un caníbal que iba a ser devorado por otros caníbales enemigos. Le puso por nombre “Viernes”. Por fin tuvo con quien platicar. Le enseño a hablar el ingles, le leía la Biblia y lo instruyó en el manejo de las armas de fuego que había rescatado del naufragio. Lo hizo porque tenía la necesidad de compañía. ¡Pero sobre todo para contar con un criado a quien poder ordenar!

La gran lección que aprende es lo vital que resulta poder comunicarse con otros. También que, si la humanidad volviera a empezar, recorrería el mismo camino que nos relata la antropología: descubrir y hacer el fuego, buscaría la cueva para protegerse de los peligros naturales, mataría animales para comer y vestiría con sus pieles e inventaría herramientas.

Descubriría la agricultura y el pastoreo, incursionaría en los terrenos de la filosofía. En los momentos de enfermedad dirigiría los ojos al cielo y pediría a alguien que le ayudara. Puesto en la disyuntiva, mataría a otros para sobrevivir. Volvería al canibalismo ritual De la misma manera volvería a surcar los mares para ir a África y, sin siquiera manifestar el menor escrúpulo, comprar negros como esclavos para que trabajaran sus tierra en Brasil. Escribiría otra vez la Biblia y la leería a diario, al caer la tarde, todo lleno de recogimiento y espiritualidad.

Con veinte años de soledad y deseoso de poder reintegrarse al mundo de la gente, escogería otra vez a Inglaterra para vivir, pese a que apenas la conocía, y rechazaría a Brasil, país con el que estaba familiarizado y tenía ahí sus tierras y su fortuna, ¡porque este país es católico y el otro protestante! Remontaría con esfuerzos físicos y gran voluntad, la enorme cuesta de cubrir e inventar la tecnología.

Sobre este personaje se han imaginado incontables metáforas. Una de ellas es la inmensa soledad que vive el hombre moderno en medio de la multitud. Y su proverbial incapacidad para comunicarse cara a cara. Con vehemencia busca a sus semejantes a través de los medios, la televisión, la computadora o la telefonía celular, pero cara a cara no tarda en entrar en conflicto con ellos.

Robinson Crusoe es un personaje inventado por el escritor Daniel Defoe. Se le ocurrió la idea al conocer el relato sobre un hecho real. Un marinero llamado Alejandro Selkrik, piloto del galeón “Cinque Ports”, zarpó de Inglaterra en mayo de 1703. Durante la travesía tuvo dificultades con el capitán del barco, a tal grado que pidió que lo dejara en una isla. Esta isla se llamaba “Más a Tierra” (ahora “Robinson Crusoe”). Se encuentra en el archipiélago de Juan Fernández, situado a unos 670 kilómetros de la costa chilena (33°3842.50S, 78°4923.48O) con una superficie de 96.4 km².

Foto de la estatua en Escocia de Alexander Selkirk.

Permaneció en ella 4 años y medio, hasta que fue rescatado por el Duke, navío comandado por el capitán Wooden Rogers. Estos tripulantes fueron los primeros que escucharon la historia del solitario. Al regreso a Inglaterra el capitán escribió y publicó un relato sobre las aventuras de Selkrik. Lo mismo harían el oficial del Duke y un periodista de Inglaterra. Así llegó el asunto a oídos de David Defoe que consideró que el relato daba para más y 4 años después publicaba la novela Robinson Crusoe. Tal cosa se le facilitó porque él mismo era un tipo aventurero que estaba familiarizado con la vida del mar.

Texto enviado por Ce Tecpatl

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Malcolm Lowry

May 19, 2008

Acabo de leer un artículo sobre la obra y la vida de Malcolm Lowry (Max, 2007); es impresionante cómo la genialidad y el deterioro humano pueden coexistir en un mismo ser. Malcolm era un maestro del simbolismo literario, pero debido a su alcoholismo, era incapaz de concretar sus propios proyectos.

Margerie, su esposa por 17 años, enfocó lo mejor de sus dotes de escritora a los trabajos de Malcolm; juntos ordenaban, corregían manías de escritura, discutían desenlaces y reescribían los borradores de El volcán “Volcano”, diamante en bruto con el que había llegado el novelista al altar en el año de 1940. Tras seis meses de trabajo intenso lograron un segundo borrador de la obra, provisto de buen ritmo gracias a ella y estructurado con múltiples recubrimientos del simbolismo más puro de Malcolm. El manuscrito era aún imperfecto, cuando el agente del Malcolm, Harold Matson, mandó la nueva versión de El volcán a doce editoriales, ninguna lo aceptó. Lowry se colapsó pero Maregrie a su lado se sobrepuso. Poco después escribieron a Matson aceptando que el manuscrito necesitaba de más trabajo.

Restableció la pareja su rutina creativa para depurar la obra, se engancharon en un diálogo escrito, hablado, prolongado, exhaustivo y cuidadoso, reescribieron muchas oraciones una y otra vez, acompañándolas de decenas de galones de whisky y de cientos de pastillas para dormir a lo largo de casi 4 años; Malcolm escribe “Después de mucho, empezó a percibirse un ruido como de música”. Agonizando el año de 1944 Lowry puso punto final a la novela.

Mientras la pareja revisitaba en México algunas de las localidades en las que se desarrolla la trama, recibieron dos cartas de aceptación para la publicación del trabajo, una oferta era del editor inglés Jonathan Cape y la otra de la editorial norteamericana Reynal & Hitchcock. Nacía así la difusión de una de las novelas más importantes de todos los tiempos, Bajo el volcán, obra que lleva al idioma inglés a rasguñar rincones insospechados del lenguaje.

Margerie nunca alcanzó con sus escritos propios las alturas que visitó con Malcolm, pero él nunca hubiera amalgamado sus atomizadas genialidades sin la participación de ella, la suya fue una cópula de águilas que se olvidaron de la caída libre; su equilibrio era insostenible por mucho tiempo, era anómalo.

Las circunstancias de la muerte de Malcolm son tan difusas como la realidad que él debió percibir tras la ingesta de alcohol, pastillas para dormir, inyecciones de apomorfina y tabletas de vitaminas para contrarrestar la cruda; en una de esas transiciones, la noche del 26 de junio de 1957, a los 47 años, Malcolm dejó de sufrir, pero también de crear, de gritar con frases, de contrarrestar sus infiernos y sus simas a fuerza de destellos literarios.

El genio adormecido de Lowry despertaba en pulsos discretos que zarandeaban al mundo, para sumirse después en los delirios del borracho. Hay poco poético en el alcoholismo.

Margerie, contagiada de cumbres pero también de adicciones, vio estrellarse a su compañero, a su colega, a su cómplice. Hace 51 años que el escritor inglés está debajo de Bajo el volcán, en la región del silencio, en la región de lo negro, como la tumba donde yace su amigo; hace 10 años, a la edad de ochenta y tres, en 1988, ella lo alcanzó al morir en una clínica de Los Angeles, California, llevándose el misterio de haber sido tanto su apoyo como su posible victimaria.

Bajo el volcán, aclamada por la crítica como la última gran novela modernista, es todavía veta rica para los curiosos que intentan desenredar su red de simbolismos.

Malcom vivió con un pié allá, en ese mundo al cual describió como nunca nadie lo ha hecho, el otro pie lo apoyaba temblorosamente en el mundo “real”; Malcolm anotó al margen de uno de sus escritos, refiriéndose a su hijo ¿cántos años tiene Tommy? Averiguar.

Vik Doyen, un académico belga que ha hecho un estudio minucioso sobre los documentos que atestiguan el proceso de elaboración del libro El transbordador de octubre, ha declarado su tristeza al ver tanto desperdicio de posibilidades y de genio.

La palabra escrita acompañó casi todo momento de la vida de Malcom, escribía en los bares, en la alberca, en todos lados y en casi cualquier estado de consciencia; él siempre recomendaba -¡Tomen notas! Aquí dejo las mías del articulo: Max, D. T., December 17, 2007, Day of the dead: The New Yorker, p. 76-85.

Xotlatzin >< :>

domingo 18 de mayo de 2008; 13:22 hrs.