¡Para qué ir tan lejos!

-¿A qué destino lo llevo? –Preguntó el taxista.

Pensé que era un ángel y lo volteé a ver con un poco de escepticismo.

-¡Al sur, por favor! Tome la avenida Insurgentes con sentido hacia el estadio olímpico. -Le dije.

Pensé que lo mejor del mundo estaba en México, en el Anáhuac, en Tenochtitlán, en el sur de Coyoacán, justo donde nací.

Recordé con gusto a Thoreau cuando dijo: “Creo que no se puede esperar nada de ti, si el pedazo de tierra bajo tus pies no te sabe más dulce que el de cualquier otra parte del mundo y de cualquier mundo”.

Entonces el destino de cada quien queda marcado en el lugar donde cada cual ha enterrado su ombligo.

Pagué lo que indicó el taxímetro más el 10%, acompañado de un gracias a ese modesto ángel que me había regresado a mi destino.

Xotlatzin >< :>

domingo 25 de mayo de 2008; 12:45 hrs.

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