Daniel Defoe

Robinson Crusoe y sus inútiles años de soledad

28 años con 2 meses y 19 días estuvo Robinson Crusoe viviendo en la Isla de la Desesperación. Hasta ahí fue arrojado por una tormenta en alta mar que estrelló el barco en el que viajaba y acabó desbaratándose en los arrecifes. Murieron todos sus compañeros de viaje y quedó solo. A la isla había llegado de manera involuntaria el 30 de septiembre de 1659.Al menos 20 años se la pasó sin poder hablar con algún humano. En la desesperación, al cabo de ese tiempo, domesticó a un loro y le enseñó a decir su nombre.

Varias veces tuvo que jugarse la vida luchando contra los salvajes que solían llegar de otra isla, a practicar el canibalismo. En una de esas, un día viernes, logró rescatar a un caníbal que iba a ser devorado por otros caníbales enemigos. Le puso por nombre “Viernes”. Por fin tuvo con quien platicar. Le enseño a hablar el ingles, le leía la Biblia y lo instruyó en el manejo de las armas de fuego que había rescatado del naufragio. Lo hizo porque tenía la necesidad de compañía. ¡Pero sobre todo para contar con un criado a quien poder ordenar!

La gran lección que aprende es lo vital que resulta poder comunicarse con otros. También que, si la humanidad volviera a empezar, recorrería el mismo camino que nos relata la antropología: descubrir y hacer el fuego, buscaría la cueva para protegerse de los peligros naturales, mataría animales para comer y vestiría con sus pieles e inventaría herramientas.

Descubriría la agricultura y el pastoreo, incursionaría en los terrenos de la filosofía. En los momentos de enfermedad dirigiría los ojos al cielo y pediría a alguien que le ayudara. Puesto en la disyuntiva, mataría a otros para sobrevivir. Volvería al canibalismo ritual De la misma manera volvería a surcar los mares para ir a África y, sin siquiera manifestar el menor escrúpulo, comprar negros como esclavos para que trabajaran sus tierra en Brasil. Escribiría otra vez la Biblia y la leería a diario, al caer la tarde, todo lleno de recogimiento y espiritualidad.

Con veinte años de soledad y deseoso de poder reintegrarse al mundo de la gente, escogería otra vez a Inglaterra para vivir, pese a que apenas la conocía, y rechazaría a Brasil, país con el que estaba familiarizado y tenía ahí sus tierras y su fortuna, ¡porque este país es católico y el otro protestante! Remontaría con esfuerzos físicos y gran voluntad, la enorme cuesta de cubrir e inventar la tecnología.

Sobre este personaje se han imaginado incontables metáforas. Una de ellas es la inmensa soledad que vive el hombre moderno en medio de la multitud. Y su proverbial incapacidad para comunicarse cara a cara. Con vehemencia busca a sus semejantes a través de los medios, la televisión, la computadora o la telefonía celular, pero cara a cara no tarda en entrar en conflicto con ellos.

Robinson Crusoe es un personaje inventado por el escritor Daniel Defoe. Se le ocurrió la idea al conocer el relato sobre un hecho real. Un marinero llamado Alejandro Selkrik, piloto del galeón “Cinque Ports”, zarpó de Inglaterra en mayo de 1703. Durante la travesía tuvo dificultades con el capitán del barco, a tal grado que pidió que lo dejara en una isla. Esta isla se llamaba “Más a Tierra” (ahora “Robinson Crusoe”). Se encuentra en el archipiélago de Juan Fernández, situado a unos 670 kilómetros de la costa chilena (33°3842.50S, 78°4923.48O) con una superficie de 96.4 km².

Foto de la estatua en Escocia de Alexander Selkirk.

Permaneció en ella 4 años y medio, hasta que fue rescatado por el Duke, navío comandado por el capitán Wooden Rogers. Estos tripulantes fueron los primeros que escucharon la historia del solitario. Al regreso a Inglaterra el capitán escribió y publicó un relato sobre las aventuras de Selkrik. Lo mismo harían el oficial del Duke y un periodista de Inglaterra. Así llegó el asunto a oídos de David Defoe que consideró que el relato daba para más y 4 años después publicaba la novela Robinson Crusoe. Tal cosa se le facilitó porque él mismo era un tipo aventurero que estaba familiarizado con la vida del mar.

Texto enviado por Ce Tecpatl

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One Response to “Daniel Defoe”

  1. Patalán (el patán catalán) Says:

    Amigo Xotla, tu chinampa crece demasiado rápido (no te extrañe que la mayoría de tus artículos no tenga comentarios). Dale a tus lectores tiempo para procesar la información.

    Menos rollos y a mi comentario; es curioso que un personaje tan complejo esté catalogado como “literatura infantil”.

    Les voy a confesar un secreto; cuando voy a una biblioteca normalmente me dirijo a la sección infantil. Y ya allí busco los clásicos.

    Mi criterio raramente me ha fallado. He descubierto joyas desgraciadamente escondidas para los lectores no avisados de este sencillo truco.

    La escatología de Los viajes de Gulliver, donde el protagonista apaga el incendio del Palacio de Liliput ¡orinándose sobre él! (el puritanismo inglés hace todavía más divertido este pasaje)

    El erotismo no disfrazado de Drácula y la obsesión de Bram Stroker con el tiempo, el tiempo, el tiempo…

    Moby Dick. La obsesión de Ahab por la ballena blanca sólo rivaliza con la obcecación de Melville por los detalles. Melville nos PONE NEURÓTICOS para que podamos compartir el viaje a la destrucción de Ahab.

    Alicia en el país de las Maravillas. Otra incomprensible obra de relojería, aderezada por pasión a las niñas y a las matemáticas.

    Caperucita Roja. Hay una versión en el que el lobo asesina a la abuela y se la sirve como comida (y vino) a la niña. Esta perversa versión de La Última Cena no está disponible para los chavitos, pero vean como se las gastan los cuentos infantiles originales.

    Frankestein o el Prometeo Moderno (el subtitulo se las trae). Más de un gran escritor ha puesto esta obra de Mary Shelley entre sus favoritas. Con razón, claro.

    El Ruiseñor y la Rosa, El Principe Feliz y El Gigante Egoísta. Con estos cuentos de Wilde he llorado… varias veces.

    Incomprensible que estas obras que fueron escritas CUANDO NO EXISTÍA LA LITERATURA INFANTIL tal como la entendemos ahora estén catalogadas como tales. Pensándolo mejor, que así sigan… no hay nada más estéril que los criterios de clasificación políticamente correctos de ahora. Es mejor que a los niños se les empiece a “deformar” la cabeza desde pequeños.

    Pues cuéntame un cuento y verás que contento

    Saludos desde Nunca Jamás

    PD. Obviamente como estas joyas son demasiado buenas y hoy en día se toma a los niños por pequeños idiotas existe la versión “para niños” de la mayoría de los títulos expuestos en el comentario anterior. Estos libros también me han hecho llorar… de vergüenza ajena.

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