Sobre las carreras (J. Ortega y Gasset)

Hay dos posibilidades por las cuales el hombre siente vocación (Ortega y Gasset, 1934); una de ellas es la vocación de aprender lo ya hecho, una especie de curiosidad irresistible por contemplar (necesidad deliciosa); la segunda posibilidad es la vocación por crear lo inexistente (necesidad angustiosa).

Con este mi breve escrito, sólo confirmo la categoría conformista de Ortega y Gasset, la de ser imitador, la de ser hombre que copia o hace calca de un trabajo ya elaborado; pero eso no está mal para los fines que en lo inmediato persigo, lo importante es tener consciencia de ello.

Ya sea en humanidades, en ciencia, o en el arte de vivir, una posibilidad a escoger será la de marcar el camino y preferir la ruta del descubridor; tal destino puede ser difícil o sencillo, eso depende de la naturaleza y de las capacidades de cada individuo.

Aquí cabe el preguntarse, ¿si hay senderos muy bien delineados, el trazar nuevas rutas no será una locura innecesaria; son quizás esos caminos sólo transitables para hombres con necesidades angustiosas, seres que arriesgan la propia vida con placer, consecuencia delirante de su naturaleza un tanto suicida y aventurera?

El hombre con necesidades deliciosas, ¿hombre común?, necesitará de caminos seguros que serpenteen suavemente por el cálido valle de un campo bajo.

Cuando ambos tipos de hombres se encuentran, se critican por lo absurdo que les parece el otro: cada hombre es producto de su carga genética y de la templanza de su voluntad para revelarse contra su propia herencia, si tal genética le fuese molesta.

Cuando las dos necesidades (la angustiosa y la deliciosa) se baten en duelo dentro de un mismo ser, deberá de ganar forzosamente la necesidad angustiosa, porque una vez que el hombre ha sentido la inquietud, ha perdido también por siempre la felicidad que pudiera colmarlo sin salir de la quietud de los valles, su espíritu se ha vuelto irreversiblemente adicto al aire ligero de las cumbres.

De llagar a perder su batalla interna contra la necesidad deliciosa, el individuo estará condenado a una vida lastimosamente frustrada.

El maestro Ortega y Gasset nos ha advertido que todo hombre debe vivir a la altura de su tiempo, lo cual será motivo de otra pequeña participación de éste agradecido imitador.

Xotlatzin >< :>

Martes 2 de Octubre de 2007; 10:39 hrs.

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