¿Por qué Russell cae tan mal?

Russell siempre ha sido el filósofo que levanta más pasiones. El amor y el odio que levanta alcanzan dimensiones épicas. Estas valoraciones sobre el filósofo dicen mucho de quien las sostiene, como veremos más adelante.

Este artículo está escrito, como el título indica desde la perspectiva del odio. Esta es una perspectiva poco popular. Aparte de que la gente sólo puede odiar legítimamente a Hitler y a Pinochet (¿por qué no a Stalin y a Castro?) existen dos razones más sobre la impopularidad del odio a Russell:

1) Russell es el Espíritu Santo de los autores filosóficos. Aparte de su ingente producción de libros (¿sólo paraba para dormir?) el susodicho, por razones que se me escapan, es El Predilecto de los editores de libros de baratillo y de sus consumidores. Lo reconozco, en mi casa hay como diez libros de Russell. El consumidor de baratillo compra lo que hay – Russell- y cuando le da el empacho ya es demasiado tarde.

2) Existe la opinión de que Russell tiene dos vertientes, la seria y la popular. Como el Russell que se ataca, en la mayoría de los casos, es el popular, los defensores del interfecto se refugian en su obra más “excelsa” y contraatacan con el consabido sainete de que “claro, eres demasiado obtuso para saber cuando alguien escribe en broma, nadie puede atacar tus ideas conservadoras sin que pueda soltar un chiste y blablablá. Pues para tu información Russell es el creador del atomismo lógico y el escritor de los Principia Matemática y otro blablablá”.

Sobre la ingente producción de Russell no me queda más que felicitarlo. Centrémonos, pues, en la separación entre el autor serio y popular, los dos Russells.

Esta separación en dos Russells es unánime en toda la bibliografía, la de sus fanáticos y la de sus aborrecedores. Como cualquier unanimidad, ésta se me hace altamente sospechosa. Las sospechas se confirman ampliamente cuando nos acercamos al autor sin perjuicios (¡al fin sirvieron para algo esos malditos diez libracos!). Efectivamente la obra de Russell es un Frankenstein esquizofrénico más bien que un compendio de obras técnicas y populares. Es un Frankenstein porque mezcla filosofías incompatibles sin ningún pudor como el atomismo lógico, el realismo ingenuo, el positivismo cientifista, el progresismo de pandereta y el ateismo fecal (el mecagoendios, para entendernos). El Frankenstein es esquizofrénico en el sentido de que cambia de opinión cada tres párrafos. En este sentido Russell es un auténtico hijo de su Hume; “¿Recuerdan lo que escribí hace tres párrafos? Pues que creen, pensándolo mejor ya cambié de opinión, claro está hasta dentro de otros tres párrafos”. Quién duda que el espíritu dubitativo de Russell sea una de sus claves de éxito como autor. ¡En este aspecto, hasta yo me identifico completamente con él!

Ya se ha caracterizado la obra de Russell como un Frankenstein esquizofrénico. Esta caracterización siempre me ha parecido molesta en extremo. Digo, una postulación del cosmos como atomismo lógico debería llevar necesariamente a un idealismo trascendental de carácter meta-lógico, y en cambio Russell se decanta ¡por un realismo ingenuo! ¡Tantas alforjas para un viaje tan corto! Además, la defensa de Russell del realismo ingenuo es la constante de toda su carrera como filósofo populachero.

Ahora viene mi teoría sobre todo este desaguisado filosófico. El Frankenstein esquizofrénico no tiene lugar como tal en el logos, a pesar de las grandes aportaciones de Russell, matemáticas y estrictamente lógicas -excluyo su atomismo lógico-. Si alguien tan inteligente y astuto como Russell creó ese monstruo y no fue por motivos filosóficos entonces lo hizo por otros motivos. Y yo creo que fueron motivos económicos. El propio Russell hablaba de sus libros populares como sus “máquinas de hacer dinero”. De hecho, a principios del siglo XX inicia el fenómeno de los superventas filosóficos y su gran exponente, El Capital de Karl Marx. Recordemos que El Capital es el segundo libro más vendido de la Historia después de la Biblia, y como Jesucristo nunca ha cobrado derechos de autor, esto convierte a Marx (y herederos) en el autor que ha cobrado más por un libro ¡Nada mal para el fundador del comunismo! ¡Muérete de envidia, Harry Potter!

No es difícil de imaginar que un Russell ávido de flujo de efectivo copiase la fórmula de Marx. Ésta no es más que la del ateismo fecal (el mentado mecagoendios). A diferencia de otros ateos fecales, Proudhon, Bakunin… Marx creó un ateismo fecal justificado. Dios es el instrumento de los capitalistas para quedarse con la plusvalía de los pobrecitos obreros, por lo cual se justifica la defecación divina.

Russell tomó buena nota y creó su propio sistema sofisticado de ateismo fecal. Las conferencias y ensayos tipo Por Qué No Soy Cristiano llenaban sus bolsillos, pero no le daban prestigio debido a su estupidez patente que le ayudaba a conectar con la chusma. El prestigio y la condición de filósofo los conseguía a través de sus libros más técnicos. Empero, necesitaba que los libros técnicos siguiesen el modelo del ateismo fecal. Y así nació el Frankenstein esquizofrénico. Con la excusa de atacar a Hegel (no son necesarias las excusas para atacar a ese pelmazo vendido) Russell crea el atomismo lógico. Pero el ataque va realmente contra Dios. En el atomismo lógico no hay espacio para Dios. ¿Efectivamente, dónde está Dios en frases del tipo “me estoy rascando las narices”? Pero, mucho ojo, el atomismo lógico no es una forma de entender al mundo, no, ¡es el Mundo mismo! Es por esto que Russell es realista ingenuo. Aquí vemos la prestidigitación. Con el atomismo lógico se mete al Dios conejo en la chistera, y con el realismo ingenuo ¡el Dios conejo desaparece! ¡La lógica interna no importa, nada más el resultado!

Desde esta atalaya es fácil interpretar TODA la obra de Russell. Mira que esta feo el Frankestein, pero ¡Cuánto dinero genera!

Al igual que Russell siguió los pasos de su maestro Marx, ha habido miríadas de “intelectuales buenistas al servicio de la gente”, todos ateos fecales, que han seguido los pasos de Russell, con excelentes resultados económicos y patéticos resultados de pensamiento. Es por eso que Russell es el santo patrón de todos los maneflas, cantamañanas, cabestros, cuentacuentos y mangarrianes. Y por eso mismo a la gente de bien nos cae tan mal.

por Gerard Pairó
martes 28 de agosto de 2007

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: