Mi navío

Tengo fe en este barco de maderas férreas,

no es un navío ligero ni mucho menos,

no cualquier marejada lo ladea,

más que flotar se proyecta

hacia la división de azules,

retando cualquier distancia con sus velas

cual alas de águilas hambrientas.

Mi marinero se ha vuelto un poco patán

por tanto pájaro surrón,

pero en puerto duerme a bordo

para no marearse de estabilidades.

Como te digo,

este buque es confiable,

a veces parece inmóvil

a causa de tanto mar.

Tiene su belleza la quietud,

– ¿por qué no me muevo?

Algo interno sopla

y la inquietud lo cambia todo,

el alma goza.

Renace la turbulencia en la quilla,

los delfines me retan a saltar un poco y a girar de prisa.

A veces me gustaría parecer más aeroplano

pero nunca submarino,

detesto las batimetrías eclipsadas con sus cegueras hirvientes.

El viento me golpea,

el puerto se envalentona de grandeza,

mi buque acepta el reto,

el capitán se inquieta,

la madera cruje y me templa,

los delfines se pierden,

la ruta se agota de sus esperas.

Xotlatzin >

Miércoles 10 de Octubre de 2007; 10:34 hrs.

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